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LA VIDA EN 10 DATOS DE AGUSTÍN LARA

Más de una generación hemos disfrutado y gozado de sus hermosas y románticas letras en voz de diversos cantantes nacionales y extranjeros. Por eso recordamos su vida y obra en 10 datos.

1.- Agustín Lara, conocido como “El Flaco de Oro”, nació el 30 de octubre de 1900. Algunos de sus biógrafos afirman que fue en Tlacotalpan, Veracruz, en tanto que otros aseguran que fue en la Ciudad de México en 1897, y otros en 1901.

2.- Su afamada infancia transcurrió en Tlacotalpan, Veracruz, de donde la familia tuvo que trasladarse a la capital mexicana. El amor por la música lo descubrió temprana edad al oír a su padre tocar el piano en casa. Sin embargo, fue de la mano de su tía Remedios con quien improvisó sus primeras notas. Desde que el compositor inició su gusto por el arte musical, su padre se opuso tajantemente a dichas inclinaciones, por lo que a los 12 años lo echó de la casa por llegar tarde de una tertulia taurina.

3.- Posteriormente, Agustín  estuvo encarcelado por robo gracias a sus necesidades económicas. Trabajó como pianista en un “Club de señoras”, ahí tuvo sus primeros ingresos y enfrentó los rigores de la vida.

Su padre, que no estaba en la Ciudad de México, se sorprendió de encontrarlo en ese sitio, lo que lo llenó de indignación y provocó la determinación de recluirlo en el Colegio Militar. Agustín Lara pasó un año en dicho colegio, donde reprobó; consiguió con esto que su padre lo enviara a Durango.

4.- En 1927, ya liberado de aquella disciplina, se encaminó por el sendero musical. Trabajó en un cabaret del rumbo de Santa Mara la Redonda, donde, a consecuencia de un impulso de celos, una mujer lo hirió en la cara con una botella.

5.- Para 1929 comenzó a trabajar en sus canciones, hizo amistad con cantantes de impacto como Maruca Pérez, Juan Arvizu y el Trío Garnica Ascencio, quienes comenzaron a interpretar sus composiciones.

En 1930, época en que la radiodifusión cobró popularidad, fue lanzada al aire una nueva emisora que incluyó al joven autor donde interpretaba su canciones que pronto fueron oídas en todo México. Así, “La hora íntima de Agustín Lara” se caracterizó por el estreno en cada programa de una o varias canciones de su inspiración.

6.- Su tema “Granada” dio la vuelta al mundo en las voces de artistas famosos, en tanto que algunos de los títulos de innumerables boleros de su propia inspiración son “Aventurera”, “Pecadora” y “Te vendes”; creó aproximadamente 700 melodías y la opereta “El pájaro de oro”.

7.- Intervino en 30 películas y sus canciones dieron la vuelta al mundo, hecho que lo alzó como uno de los compositores de música popular más conocidos, por consiguiente, los textos de sus temas fueron traducidos a muchos idiomas.

Entre su repertorio también destacan temas como “Veracruz”, “Madrid”, “Palmera”, “Lamento jarocho”, “Farolito”, “Mujer”, “Santa”, “Señora tentación”, “Novillero”, “Rosario” y “Noche Criolla”, por citar algunos títulos.

8.- Su vida sentimental fue pródiga en romances, ya que estuvo vinculado con Angelina Brusquetta, Yolanda Gazca, Clara Martínez, Irma Palencia y Vianey Lárraga. Su primer matrimonio fue en 1939 con Carmen “La Chata” Zozaya. Pero su gran amor, como él mismo lo confesó, fue la legendaria actriz María Félix. Se casaron el 24 de diciembre de 1954 y él le dedicó muchas canciones de amor como “María bonita”, “Noche de ronda” y “Aquel amor”.

9.- Rocío Durán fue su última esposa, con ella contrajo nupcias en 1965 en España. En 1967, debido a su precaria salud, fue retirándose del ambiente artístico hasta permanecer aislado de todos, en su casa de la esquina de Edgar Allan Poe y Homero de la Colonia Polanco.

10.- Falleció en el Hospital Inglés de la Ciudad de México el 6 de noviembre de 1970 y fue velado en el Teatro de la Sociedad de Autores y Compositores de Música, de donde fue trasladado el día 7 al Palacio de Bellas Artes.

El presidente de aquel entonces, Gustavo Díaz Ordaz, ordenó que se le sepultara en la Rotonda de las Personas Ilustres, junto a los compositores del Himno Nacional Mexicano, en el Panteón de Dolores.


 80 AÑOS DEL PALACIO DE BELLAS ARTES

Luego de 30 años de ser el “elefante blanco”, por el tiempo que tardó su construcción, el Palacio de Bellas Artes se erigió como el máximo recinto cultural del país, un símbolo de modernidad, sede del arte nacional e internacional: “El nuevo templo de las musas, deslumbrante faro espiritual de la moderna vida de esta metrópoli”.

Su inauguración, hoy hace 80 años, fue motivo de una fiesta nacional que convocó no sólo a artistas mexicanos como Dolores del Río, sino extranjeros como las actrices de Hollywood Elissa Landi, Jean Harlow y Joan Marsh; el cineasta y actor estadunidense Douglas Fairbanks, el productor de cine Joseph Schenk, la actriz canadiense Katherine De Mille y Luigi Luraschi, empresario de Estudios Paramount en EU.

La cita fue a las diez de la mañana, cuando las puertas del Palacio de Mármol se abrían por primera vez al público. En su interior se veían avances de las obras murales de José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, que resaltaban entre el mármol negro de la escalera central y el rojo de las columnas.

El público que consiguió un boleto de acceso o invitación especial debió entrar por la puerta trasera, de Hidalgo, pues los cientos de personas que no lograron un pase obstruían el portón de acero principal, mientras esperaban conocer el recinto que sustituyó al Teatro Nacional a petición de Porfirio Díaz en 1901.

Poco antes de las 11 de la mañana, el portón negro por fin se abrió para recibir al entonces presidente Abelardo L. Rodríguez, acompañado de Eduardo Vasconcelos, secretario de Educación Pública; Francisco Javier Gaxiola, secretario particular del Primer Magistrado, y Antonio Castro Leal, primer jefe del Departamento de Bellas Artes.

Solemne y sencilla fue la ceremonia, reportan las crónicas periodísticas deExcélsior. Inició, detallan, con la Orquesta Sinfónica Nacional y los Coros del Conservatorio Nacional de Música, que interpretaron el Himno Nacional. Enseguida, el Presidente ofreció un discurso, lo mismo que Castro Leal, y con escasas palabras se dio por inaugurado el Palacio que al final costó 25 millones de pesos.

“Hoy, 29 de septiembre de 1934, declaro inaugurado el Palacio de Bellas Artes, centro de divulgación cultural, uno de los puntos básicos del programa revolucionario”, exclamó el Presidente desde su palco, y de inmediato el estruendo de los aplausos y las bullas del público retumbaron en la Sala Principal, ataviada con un telón de 24 toneladas de peso sobre el cual se pintaron los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, encargado a la Casa Tiffany de Nueva York.

“La hermosa cortina de cristales que sirve como telón de boca del coliseo es de mosaico y cristal opalescentes, costando de un millón de piezas, perfectamente incombustibles”, se describe en las crónicas del día.

En su papel de maestro de ceremonia, el arquitecto Fernando Mariscal guió a la comitiva en un recorrido por las salas del entonces Museo de Artes Plásticas, Museo de Artes Populares e Industria, la Sala de Conferencias, Sala de Exposiciones Temporales, el restaurante y los pasillos revestidos de mármol.

Mientras el acto oficial engalanaba el interior del palacio, afuera la gente intercambiaba empujones con policías al tratar de mirar, al menos por los cristales, el interior del recinto, cuyo proyecto original debía terminarse en cuatro años y costar no más de cuatro millones 200 mil pesos. “No era un teatro de empresas particulares, no es un teatro de lucro y es bueno que nunca lo sea”, decía una de las personas que hacía bulto en la entrada.

Por la tarde se realizó la segunda parte del programa inaugural con el estreno del montaje de La verdad sospechosa, de Juan Ruiz de Alarcón, con la primera actriz María Tereza Montoya. La primera semana se presentaron el Ballet de Montecarlo, el Ballet Ruso, la cantante francesa Ninon Valin y el pianista y compositor Rachmaninoff. Las entradas costaban entre dos y seis pesos.

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Euforia popular

Los 30 años de retraso provocó euforia entre la población, cuando en marzo de 1934 se anunció que el palacio de 52 metros de altura y con diseño original del arquitecto Adamo Boari estaba terminado; entonces, las expectativas fueron muchas sobre qué artistas estrenarían el “faustuoso” escenario y, como paradoja, el anuncio de la programación por parte de las autoridades era a “cuentagotas”.

Quienes no esperaron fueron los anunciantes que tan pronto se supo la fecha de inauguración ocuparon un espacio en el periódico, lo mismo para ofrecer sus servicios de florería a domicilio que de restaurante. “Envíe cestas de bellas flores a los artistas que hoy inauguran el Teatro Nacional”, decía Madeleine Floristas; mientras a un costado se invitaba al café de Bellas Artes que abriría al mediodía.

Desde entonces, el Palacio de Mármol ha sido escenario de artistas de la talla de María Callas, quien debutó en mayo de 1950 con la ópera Aída; Luciano Pavarotti, en 1969; Plácido Domingo, en 1962, y el bailarín Rudolf Nuréyev.

En este magno recinto incluso se han ofrecido servicios funerarios como un máximo reconocimiento a Virginia Fábregas, María Félix, Diego Rivera, Frida Kahlo, Octavio Paz, Carlos Fuentes y, el más reciente, Gabriel García Márquez.

Según la historiadora Teresa del Conde, el PBA ha sido también el semillero de los acervos artísticos de los museos que le siguieron, como el de Arte Moderno o el Nacional de Arte que, en cierta medida, deben su colección al Palacio de Mármol.

Óperas estrenadas mundialmente

  • Tabaré, de Heliodoro Oseguera. 31 de agosto de 1935.
  • Tonatiuh, de Manuel Camacho Vega. 11 de enero de 1940.
  • La mulata de Córdoba, de Xavier Villaurrutia con música de José Pablo Moncayo. 23 de octubre de 1948.
  • Elena, de Francisco Zendejas con música de Eduardo Hernández Moncada. 23 de octubre de 1948.
  • Carlota, de Francisco Zendejas con música de Luis Sandi. 23 de octubre de 1948.
  • El último sueño, de Manuel M. Bermejo con música de José F. Vásquez. 28 de mayo de 1961.
  • Severino, en portugués, de João Cabral de Melo Neto. 28 de junio de 1961.
  • Misa de seis, de Emilio Carballido con música de Carlos Jiménez Mabarak. 21 de junio de 1962.
  • La señora en su balcón, de Elena Garro con música de Luis Sandi.
  • 2 de junio de 1964.
  • La mujer y su sombra, de Paul Claudel. 12 de abril de 1981.
  • La Güera, de Julio Alejandro con música de Carlos Jiménez Mabarak. 26 de septiembre de 1982.
  • Orestes parte, de José Ramón Enríquez con música de Federico Ibarra. 5 de julio de 1987.
  • Aura, ópera de Juan Tovar y Carlos Fuentes con música de Mario Lavista. 13 de abril de 1989.
  • Alicia, de José Ramón Enríquez con música de  Ibarra. 9 de julio de 1995.
  • El juego de los insectos, de Verónica Musalem con música de  Ibarra. 8 de julio de 2009.

Con motivo de su 80 aniversario, el domingo pasado se realizó un espectáculo de luces y música en donde se proyectaron artistas que han pasado por este recinto: Frida Kahlo, Pablo Picasso, Luciano Pavarotti, Agustín Lara, María Félix, entre muchos otros. Fueron menos de 10 minutos de proyección audiovisual pero cada segundo mantuvo a miles de visitantes con los ojos puestos sobre uno de los edificios más emblemáticas de México; a través de la técnica devideo mapping, Bellas Artes se derribaba, crecía, mostraba imágenes y temas de la cultura mexicana e incluso corrientes artísticas, desde el Muralismo hasta la literatura de Carlos Fuentes y García Márquez.

BellasArtesMapping

 


Silvestre Revueltas

revueltas (Santiago Papasquiaro, México, 1899 – Ciudad de México, 1940) Compositor, violinista y director de orquesta mexicano  considerado uno de los máximos y más influyentes representantes de la corriente nacionalista. Formado como violinista y  director de orquesta en su tierra natal y Estados Unidos, empezó a componer relativamente tarde, a principios de la  década de 1930, seguramente influido por el ejemplo de Carlos Chávez, de quien fue director asistente entre 1929 y 1935  en la Orquesta Sinfónica de México. En 1937 marchó a España, y participó de manera activa en la guerra civil a favor del  bando republicano. Compositor autodidacta, su producción musical es muy escasa, aunque valiosa, con títulos como el  ballet El renacuajo paseador (1933) y las obras orquestales Ocho por radio (1933), Redes(1935), Homenaje a Federico  García Lorca (1935) y La noche de los mayas (1939). Destaca entre sus obras Sensemayá (1938), su partitura más  conocida dentro y fuera de su patria. Un profundo conocimiento de la música mexicana y la primacía absoluta del ritmo  otorgan a estas páginas de Revueltas un singular atractivo.

 En 1913 ingresó al Conservatorio Nacional y en 1917 viajó a Estados Unidos para perfeccionar sus estudios de violín. En  los  años veinte y treinta difundió la música de concierto en toda la República Mexicana, ocupó la subdirección de la  recién creada Orquesta Sinfónica Nacional (1928-1935) y dirigió la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios.

 Movido por sus convicciones políticas, viajó a España, donde apoyó la causa republicana durante la Guerra Civil Española  (1936-1939). De regreso a México compuso numerosas piezas sinfónicas y continuó desarrollando su labor docente. El devenir de la Guerra Civil, sin embargo, le había sumido en una profunda melancolía que no hizo sino aumentar una destructiva adicción al alcohol que acabó prematuramente con su vida.

Silvestre Revueltas formó parte de un grupo autores nacionalistas que buscaba la renovación de las formas recuperando los valores de la música indígena y el pasado prehispánico, acercándose al mismo tiempo a los lenguajes de la vanguardia europea para, a partir de ésta, obtener una auténtica expresión nacional. El más influyente fue sin duda Carlos Chávez, que agrupó a su alrededor a un buen número de seguidores. En el marco de esta corriente nacionalista, la música dionisiaca y vital de Revueltas ofrece novedades en todos los sentidos. Revueltas aprovechó todos los recursos instrumentales, dio a las cuerdas papeles percutivos y a los metales un énfasis melódico que recuerda el sonido de las bandas pueblerinas. En cuanto a la estructura de sus obras, las armonías son disonantes y los contrapuntos chocan rítmicamente.

Su obra abarca desde piezas para dotaciones pequeñas, como es manifiesto en Ocho por radio(1933), hasta obras para gran orquesta, comoJanitzio (1933) y Sensemayá (1938). Para el cine elaboró partituras que han seguido interpretándose en forma independiente, como Redes (1935) y La noche de los mayas (1939). Sus composiciones fueron numerosas; entre ellas destacan, junto a las citadas, los poemas sinfónicos Cuauhnáhuac (1930), Esquinas(1930), Ventanas (1931) y el ballet El renacuajo paseador (1933). A pesar de su absoluta brevedad, que contribuye de hecho a hacerla aún más efectiva,Sensemayá (1938), título que hace referencia a una serpiente tropical, es la obra más conocida de Silvestre Revueltas. Todos los rasgos del estilo del músico están presentes en ella, empezando por la absoluta primacía del ritmo como generador de la composición, influencia directa del Stravinsky de La consagración de la primavera


AMÉRICA TROPICAL

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Le invitamos a visitar el Museo América Tropical ubicado en la Plaza Olvera. Podrán admirar el mural del maestro Siqueiros  pintado en 1932 el cual  permaneció cubierto desde su creación por ser considerado subversivo  por la turbulencia social que se vivía en aquella época. Gracias a la restauración realizada por la Fundación Getty ahora se puede apreciar el gran trabajo del muralista mexicano.

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